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Los Venenos Blancos
Que Te Impiden Adelgazar

Esta expresión, la de los 5 venenos blancos, nos la hemos tropezado ya varias veces en distintas conversaciones con gente de diferentes países y culturas.

Parece que el eslogan ha calado en la opinión pública, así que nos hemos puesto manos a la obra para aclarar qué hay de cierto en esto y si todo es otro mito urbano.

Nos vamos a detener especialmente en aquellos que te impidan perder peso, para que puedas enfrentarte a ellos con conocimiento de causa.

Porque alguna de estas 5 sustancias quizás no sean realmente venenos, pero engordan una barbaridad.

Empecemos:

¿Qué son los 5 venenos blancos?

Los 5 venenos blancos (hay listas con 6 y hasta 8 venenos blancos) son alimentos cotidianos, al alcance de todo el mundo y presentes en todas las casas de los países occidentales. Enseguida verás por qué lo digo.

Son los siguientes:

Sal

La sal blanca ha sido demonizada y prohibida sin razón durante años, al igual que las grasas saturadas.

Es necesaria para nuestro cuerpo. Ahora mismo se consume menos sal que nunca y la tasa de hipertensión está disparada.

Es más, una dieta en sodio aumenta significativamente la mortalidad en pacientes con insuficiencia cardiaca (1).

Otros metanálisis (2 y 3) encontraron mayor mortalidad entre las personas que consumen menos de 3g de sal al día que los que doblaban la dosis recomendada.

En fin, los científicos van un paso por delante, y han descubierto que la hipertensión se crea para compensar la baja oxigenación de los tejidos a causa de un desajuste metabólico causado por el siguiente elemento de la lista:

Azúcar

Efectivamente, las personas hipertensas suelen ser prediabéticas o diabéticas. Es el azúcar el veneno, no la sal.

También se ha dicho que el cerebro necesita azúcar para funcionar, pero es glucosa su combustible, y la fabrica el hígado (incluso a partir de grasas en una dieta cetogénica).

Además de diabetes, el azúcar aumenta los triglicéridos y la presión arterial, aumentando la mortalidad por enfermedad coronaria (4).

El consumo de bebidas azucaradas está relacionado con infarto cerebral (5) y resistencia a la insulina (6).

Y por supuesto: engorda (7).

Leche

La leche es un alimento necesario en adultos dependiendo de dos factores: tus genes y su procesado. Te explico:

Si tienes genes vikingos, como en mi caso (normandos, concretamente), tus antepasados sobrevivieron al frío tomando mucha carne y lácteos, y tu cuerpo tolera bien la leche.

Si tus genes son de poblaciones asentadas en zonas cálidas y tropicales, es altamente probable que la leche cruda sólo te siente cuando eres bebé.

En ese caso, no la tomes. Bebe leche de almendras o de avellanas (evita las leches de soja, avena y de cereales). Prueba la horchata.

Pero si la leche cruda no te sienta bien, no te preocupes: las bacterias pueden «masticarla» y hacerla mucho más digestiva.

Queso. Cuanto más curado, mejor. De oveja y cabra mejor.

Las ovejas y cabras sólo dan leche si están felices y en libertad. Además, su composición es más parecida a la humana, aunque su sabor es más fuerte.

Yogur y Kéfir: otro fermentado muy interesante y beneficioso para la salud. Prueba a consumirlos y si te sientan mal, retira.

Harina

En su mayoría se refiere a la harina de trigo (el alimento más indigesto del planeta), harina blanca y refinada.

Es la responsable de numerosos problemas de salud de Occidente, junto con el azúcar:

Está relacionado con la permeabilidad intestinal (8). Agujerea tu intestino y sustancias como el gluten acaban en el torrente sanguíneo, donde provocan problemas de piel y enfermedades autoinmunes (9).

Dolor de cabeza. También aumenta los síntomas de la colitis, crohn,  y la celiaquía, claro.

Aumenta mucho el colesterol malo (LDL), y se ha demostrado que es mucho más peligroso que el consumo de grasas saturadas (10).

Y por supuesto: engorda.

Arroz

El arroz blanco es un alimento procesado, al que se le ha quitado el salvado y el gérmen.

Con esto se pierde más de la mitad de su contenido en minerales y casi un 90% de las vitaminas del grupo B y la fibra.

Lo que queda básicamente es almidón, y claro, aumenta los niveles de azúcar en sangre, pero poco más.

No tiene nada de veneno, es una exageración ponerlo en la lista, aunque está claro que es mejor sustituirlo por arroz integral.

Nota importante

La lista de 5 venenos blancos queda, por tanto, reducida a 2.

Además de los problemas de salud mencionados, el azúcar y la harina engordan. Debes aprender a lidiar con ellos para poder perder peso.

Movimiento Actívate
Movimiento Actívate
Equipo editorial

¿Cuáles son los que me impiden perder peso?

Azúcar

Consumimos grandes cantidades de este delicioso carbohidrato simple, sin ser conscientes del daño que produce a nuestro organismo, acostumbrado durante millones de años al consumo ocasional de fruta y miel para conseguir glucosa para nuestro cerebro.

La industria alimentaria nos ha intentado vender una idea muy astuta para que tomemos azúcar sin remordimientos: el mito del déficit calórico.

Según este precepto inviolable y completamente equivocado, adelgazamos si salen más calorías que entran, y engordamos si entran más calorías que salen.

Pero esta ley ha sido puesta en cuestión por muchos científicos (11).

Por un lado, se ha comprobado que no tiene el mismo efecto 100 calorías de azúcar que 100 calorías de almidón (de las patatas o el arroz, por ejemplo). Ambos son carbohidratos, pero el azúcar engorda mucho más. (12)

También se ha comprobado que engorda menos la miel que el azúcar, aún tomando las mismas calorías (13).

Por supuesto, tampoco es lo mismo tomar 100 calorías de proteína que de azúcar…

Los científicos han encontrado numerosos mecanismos naturales para deshacerse de las calorías sobrantes, como la grasa parda, por ejemplo.

Y el papel que tienen las hormonas para quemar grasas, o evitar que se creen.

Por ejemplo, se le suministró hormona de crecimiento a un grupo de personas durante 6 meses y adelgazaron sin hacer dieta (14).

En resumen: ¿es un veneno el azúcar? desde luego no es como tomar arsénico, pero crea obesidad y la obesidad sí mata.

Nuestro consejo: reduce el consumo de azúcar al mínimo.

Harina

La harina blanca, sobre todo la de trigo, forma un dúo inseparable con el azúcar.

Todo lo que más nos gusta tiene harina de trigo y azúcar: un donut, un croissant…

Se trata de otro carbohidrato simple, de fácil y rápida absorción, que genera picos rápidos de insulina y lo peor: te envenena lentamente.

El veneno que tomas con la harina de trigo proviene de las semillas de este cereal.

Quizás hayas oído el término antinutrientes. Es otra manera de llamar a las toxinas de las semillas de las plantas, su único método de defensa ante sus «depredadores».

El trigo que consumimos ahora, además , está tratado genéticamente para no llevar cáscara y así ser más fácil su recolección. A costa de aumentar las toxinas de las semillas, claro.

Y esos antinutrientes se van acumulando lentamente, y acaban generando problemas más o menos graves, sobre todo inflamatorios.

Además, contienen gluten y leptinas, que no le sientan bien a mucha gente.

Las harinas de semillas, como el trigo, son venenos en dosis muy bajas y se debe reducir su consumo al máximo. Porque además engordan. Y mucho.

Y engordan por dos vías: porque tienen una alta densidad calórica y porque disminuyen la termogénesis (necesitas menos calorías para digerir y absorber la harina que el alimento del que proviene).

A partir de los años setenta del siglo pasado, se demonizó el consumo de grasas y se sustituyó por carbohidratos (cereales, harinas y azúcares). El resultado: más muertes por problemas cardiovasculares, y más obesidad.

¿Hay alternativas saludables a estos 2 venenos blancos?

Alternativas al azúcar

Olvídate del azúcar moreno, la panela y el sirope de ágave. Tu cuerpo no sabe procesarlos bien, igual que el alcohol.

Olvídate de los edulcorantes. Provocan la misma respuesta hormonal que el azúcar, haciéndote acumular grasa, aunque no tengan calorías.

Céntrate en la miel (cruda, es muy importante) y en la fruta (mejor natural, nada de zumos ni fruta deshidratada; pasta de dátil ok). Deja que tu cuerpo trabaje igual que el de tus antepasados de hace miles de años.

Pero haz como ellos: la miel y la fruta sólo es de vez en cuando, si había suerte. Tú lo tendrás más fácil, de modo que toca tener mentalidad de hierro.

Y si sucumbes, como me pasa a mí, tendrás que provocar la respuesta hormonal opuesta para compensar.

Yo lo hago con pastillas para adelgazar, pero no vale cualquiera. Nosotras llevamos años analizando y filtrando las mejores para ayudarte.

Alternativas a la harina

Ya te he explicado que las harinas de semillas están llenas de toxinas, única defensa que tienen las plantas para evitar que la semilla sea consumida y no germine.

Las frutas, por el contrario, son mecanismos vegetales para que los animales transporten las semillas y puedan convertirse en plantas nuevas.

Conclusión: cambia las harinas de semillas por harinas de frutos:

  • Harina de almendras
  • Harina de coco
  • Harina de arroz
  • Harina de garbanzos
  • Harina de trigo sarraceno (un pseudo cereal)

La lista es más grande, sólo te pongo algunos ejemplos que a nosotras nos gustan y utilizamos a diario.

También es bueno usar almidones para cocinar, como la maicena (maíz) o la tapioca (yuca), y un truquito para sustituir la textura que da el gluten de la harina de trigo: prueba el psyllium, da elasticidad y aporta fibra sin gluten.

Pero ojo: si sustituyes unas harinas por otras no adelgazarás demasiado. Tienen muchas calorías, como todas las harinas.

Reducirás la inflamación drásticamente, eso sí. La primera vez que hice dieta paleolítica perdí mucha barriga sin adelgazar un gramo durante las primeras 4 semanas.

Me veía más delgada, me subía a la báscula y nada, pesaba lo mismo. Si te pasa lo mismo, ahora ya sabes la razón científica que hay detrás.

Resumiendo: reduce el consumo de harinas, y cuando las tomes, evita todo lo posible las harinas de trigo y demás semillas.

Consejo final: si te mueres por comer pizza, busca un restaurante donde la masa haya reposado mínimo 24h (mejor 48). Las bacterias de la masa madre reducen muchísimo los efectos adversos de la harina de trigo.
Mismo consejo sobre el pan: si localizas pan de masa madre (cuanta más, mejor) te sentará mejor que el de masa congelada.

Referencias

  1. DiNicolantonio, J. J., Di Pasquale, P., Taylor, R. S., & Hackam, D. G. (2012). Low sodium versus normal sodium diets in systolic heart failure: systematic review and meta-analysis. Heart.
  2. McCarron, D. A., Geerling, J. C., & Alderman, M. H. (2019). Urinary sodium excretion measures and health outcomes. The Lancet393(10178), 1294-1295.
  3. Mente, A., O’Donnell, M. J., Rangarajan, S., McQueen, M. J., Poirier, P., Wielgosz, A., … & Yusuf, S. (2014). Association of urinary sodium and potassium excretion with blood pressure. New england journal of medicine371(7), 601-611.
  4. Lisa A Te Morenga, Alex J Howatson, Rhiannon M Jones, Jim Mann, Dietary sugars and cardiometabolic risk: systematic review and meta-analyses of randomized controlled trials of the effects on blood pressure and lipids, The American Journal of Clinical Nutrition, Volume 100, Issue 1, July 2014, Pages 65–79, https://doi.org/10.3945/ajcn.113.081521
  5. Susanna C. Larsson, Agneta Åkesson, Alicja Wolk, Sweetened Beverage Consumption Is Associated with Increased Risk of Stroke in Women and Men, The Journal of Nutrition, Volume 144, Issue 6, June 2014, Pages 856–860, https://doi.org/10.3945/jn.114.190546
  6. Alberto Lana, Fernando Rodríguez-Artalejo, Esther Lopez-Garcia, Consumption of Sugar-Sweetened Beverages Is Positively Related to Insulin Resistance and Higher Plasma Leptin Concentrations in Men and Nonoverweight Women, The Journal of Nutrition, Volume 144, Issue 7, July 2014, Pages 1099–1105, https://doi.org/10.3945/jn.114.195230
  7. Te Morenga, L., Mallard, S., & Mann, J. (2013). Dietary sugars and body weight: systematic review and meta-analyses of randomised controlled trials and cohort studies. Bmj346. https://doi.org/10.1136/bmj.e7492
  8. Hollon J, Puppa EL, Greenwald B, Goldberg E, Guerrerio A, Fasano A. Effect of gliadin on permeability of intestinal biopsy explants from celiac disease patients and patients with non-celiac gluten sensitivity. Nutrients. 2015 Feb 27;7(3):1565-76. doi: 10.3390/nu7031565. PMID: 25734566; PMCID: PMC4377866.
  9. Fasano, A. Leaky Gut and Autoimmune Diseases. Clinic Rev Allerg Immunol 42, 71–78 (2012). https://doi.org/10.1007/s12016-011-8291-x
  10. Berneis, K. K., & Krauss, R. M. (2002). Metabolic origins and clinical significance of LDL heterogeneity. Journal of lipid research43(9), 1363-1379.
  11. Torres-Carot, V., Suárez-González, A. & Lobato-Foulques, C. The energy balance hypothesis of obesity: do the laws of thermodynamics explain excessive adiposity?. Eur J Clin Nutr (2022). https://doi.org/10.1038/s41430-021-01064-4
  12. Gatineau, E., Savary-Auzeloux, I., Migné, C., Polakof, S., Dardevet, D., & Mosoni, L. (2015). Chronic intake of sucrose accelerates sarcopenia in older male rats through alterations in insulin sensitivity and muscle protein synthesis. The Journal of nutrition145(5), 923-930.
  13. Chepulis, L. M., Starkey, N. J., Waas, J. R., & Molan, P. C. (2009). The effects of long-term honey, sucrose or sugar-free diets on memory and anxiety in rats. Physiology & behavior97(3-4), 359-368.
  14. I Harant, M Beauville, F Crampes, D Riviere, M T Tauber, J P Tauber, M Garrigues, Response of fat cells to growth hormone (GH): effect of long term treatment with recombinant human GH in GH-deficient adults, The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, Volume 78, Issue 6, 1 June 1994, Pages 1392–1395, https://doi.org/10.1210/jcem.78.6.8200942

Acerca de la autora

María García

Especialista en nutrición y pérdida de peso. Licenciada por la Universidad Nacional de la Plata (Argentina). Conocimiento profundo de las tendencias y los productos dietéticos. Consultora autónoma.

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